lunes, 18 de julio de 2016

La estocada también existe. Rafael Ortega y Dávila Miura.

Anoche estaba viendo unos videos sobre el maestro Rafael Ortega y me vino a la memoria la faena de la que tantas veces he leído y que rezaba así:

Al segundo de su lote, “Tormenta”, 12, de pelaje sardo y con 502 kilos, le instrumentó, igualmente, unos apretados lances que recibieron la unánime aprobación del respetable. El espada de San Fernando llevó a cabo una lidia perfecta, tratando, fundamentalmente, de que el ejemplar de Miura humillara. Empezó la faena con muletazos sobre la mano derecha, embarcando al toro con valor y sometiendo su encastada bravura. Posteriormente, llegaron tres tandas soberbias de naturales que fueron el cénit de la magnífica obra de Rafael Ortega en la Maestranza. El torero colocado siempre en la distancia idónea, cerca del burel, lo conducía con firmeza hasta el final del viaje, prevaleciendo en todo momento la verdad y la pureza.
La afición hispalense le ovacionaba con fuerza, conmovida por la autenticidad de lo realizado. La simplicidad, y a la vez, la dificultad del toreo de siempre, había triunfado una vez más. El mensaje era claro y directo, entendible por parte de cualquier espectador. El diestro marchó a por el estoque en el instante preciso, cuando el animal le estaba pidiendo la muerte. Idéntica sinceridad que la empleada en el trasteo de muleta fue la que practicó en la suerte suprema. El volapié fue de época, citando en corto, marcando los tiempos magistralmente, volcándose sobre el morrillo de “Tormenta”. El miureño se derrumbó a los pocos segundos, fulminado por el espadazo recetado por Ortega. Fue, afirma el cronista del ABC de Sevilla, “la estocada de la feria y de muchas ferias”. 

Después de muchos años de aquella efeméride, Dávila Miura, nos hizo recordar lo que es una estocada, también con un toro de Miura.
Esta vez no ocurrió en Sevilla, fue en Pamplona y guardando las distancias entre el maestro Ortega y Dávila Miura, al igual que el juego de los de Zahariche, un hombre que lleva tiempo alejado de los toros, vino a dejarnos claro, que la estocada también existe.
Y cómo reza el refrán; vale más una imagen, que mil palabras!