sábado, 5 de diciembre de 2009

En el recuerdo.¨Murciano¨.Victorino Martín.


Un toro de bandera, un toro de escándalo, un victorino para encumbrar a un torero a la cima inalcanzable de auténtica figura. Murciano se llamaba, pesaba 511 kilos, y fue todo un derroche de bravura y encastada boyantía. Luis Miguel Encabo, su matador, torerísimo toda la tarde, no supo o no pudo culminar una obra maestra y todo quedó en un trofeo que sabe a poco, a muy poco para lo imaginado.

Murciano salió con alegría, embistíó con fijeza en unas ajustadas verónicas; no hizo una espectacular pelea en varas, aunque empujó con codicia en el segundo encuentro. Se vino arriba en un largo tercio de quites en el que participó la terna al completo; acudió con alegría a las banderillas y se convirtió en una auténtica locomotora en la muleta. Largas y crecientes embestidas por ambos lados llevaron el entusiasmo al respetable. Un toro bravo, nada más y nada menos, con enorme poderío, de extraordinaria acometividad y movilidad. Una alegría para los sentidos.

Encabo lo recibió con las zapatillas asentadas, lo quitó, después, con unas ceñidísimas chicuelinas, le siguió Esplá por vistosos faroles, respondió Encabo con unas preciosas verónicas, y terminó Puerto con unas gaoneras aceleradas.

Murciano, con la mirada desafiante, pedía más guerra y galopó con alegría en el tercio de banderillas, en el que Encabo destacó con un par por los adentros.

Cuando el torero brindó al público, el entusiasmo se había apoderado de la plaza. Lo citó con la izquierda desde el centro del ruedo y el toro acudió raudo a la muleta. Encabo aguantó estoico, y la tanda no resultó limpia, pero sí emocionantísima. Tomó la derecha y los pases fueron largos, profundos, ligados, los cerró con un precioso cambio de manos y el toro fue largo, largo... Murciano se lo quería comer por el lado izquierdo y lo desbordó. Volvió a la derecha y brilló de nuevo el toreo en redondo. Cuando montó la espada quedaba la impresión de que el pitón izquierdo portaba varios cortijos. La estocada cayó muy trasera y la apoteosis soñada se redujo a una oreja.

¿Se afligió Encabo? ¿No pudo? Era mucho toro, es verdad.

4 comentarios:

Andrés Verdeguer dijo...

un toro bravísimo. de lo más bravos que haya visto. recuerdo que llegué a casa, murciano ya estaba en el ruedo, encabo intentaba torearlo a la verónica, y su embestida me atrapó... un toro inolvidable.

Anónimo dijo...

Es una maravilla poder ver a un Toro Bravo en la plaza; la pena es que también sea un privilegio.
Yo no estuve allí para verlo, pero comprendo que cuando dices "era mucho toro", te refieres a que era un Toro de Verdad. Demasiado toro, claro; demasiado para este mundo donde todo lo auténtico, resulta excesivo...
Por unos instantes, mientras te leía, llegué a sentir la emoción de aquella tarde. Y entonces, me pregunté: sí todos los toros se parecieran a "Murciano", cuántos seres se enfundarían el vestido de torear??

Qué preciosidad de recuerdo, de homenaje y de relato!! No sabes el placer que me ha producido leerte
Gloria

SANCHEZ-LOPEZ dijo...

¡Ahí, si salieran más Murcianos todas las tardes!
Uno de los toros más bravos, quizás que el mejor, que se han lidiado en la última década en Madrid.
Gracias por recordarlo. Acabo de llegar de un tentadero donde una vaca me ha hecho tambiñen recordarlo.

Iván dijo...

Estamos tod@s de acuerdo en lo que nos gusta ver en la plaza ¿eh?
Gloria, que arte tienes!!!
Andrés es normal que te atrapase.
Vicente, no quiero pensar como sería la vaca que te ha hecho recordarlo.
Quién te suelta esos animales?Lo consideras amigo?jaja.
Saludos a todos.